Arrozales de paso

Entre los proyectos desarrollados por la Fundació Assut, se cuentan diferentes iniciativas vinculadas al cultivo del arroz, una actividad clave para la conservación del paisaje de L’Albufera. En este marco, se llevan a cabo diferentes líneas de trabajo con el propósito de alcanzar un mejor equilibrio entre la producción agrícola y la conservación del medio natural y del paisaje. A través de trabajos de investigación (en colaboración con diferentes Universidades), la divulgación y la difusión de conocimientos o mediante acciones concretas de conservación, siempre contando con la participación de la sociedad.

El proyecto «Arrossars de pas», llevado a cabo conjuntamente por la Fundació Assut y SEO/BirdLife con el apoyo de GA Alimentaria y el Grupo Nuova Sesac, plantea una serie de iniciativas dirigidas a gestionar determinadas zonas de arrozal, en el Parque Natural de l’Albufera, para favorecer el hábitat para la alimentación y el descanso de miles de aves migratorias cada año, especialmente limícolas y aves acuáticas que encuentran en los arrozales un hábitat alternativo a los humedales naturales. Las limícolas (chorlitejos, correlimos, andarríos, archibebes, agujas, agachadizas, etc.) son un grupo muy diverso de aves que tienen en común su estrecha vinculación a ambientes acuáticos de poca profundidad, donde se alimentan de invertebrados y semillas que buscan en los limos y fangos.

Este proyecto permite conjugar perfectamente la actividad agrícola con la investigación y la conservación, con la participación de la sociedad y el desarrollo de actividades de divulgación y comunicación. Actividades todas ellas que se dirigen a dar a conocer la importancia que tienen los arrozales y el cultivo del arroz en la preservación y mantenimiento de una rica biodiversidad y un valioso patrimonio cultural.

Conservación de las aves migratorias

L’Albufera de Valencia es uno de los humedales más importantes de la península Ibérica y una de las zonas de producción de arroz más destacadas de España. Este espacio protegido, que comprende 21.120 hectáreas de superficie, supone además un punto de parada para la alimentación y descanso de miles de aves migratorias en sus diferentes desplazamientos ebtre los lugares de nidificación e invernada. Es también un paisaje cultural cargado de singularidades y de un rico patrimonio vinculado con la agricultura del arroz, la pesca, la caza y el agua.

El humedal se encuentra muy próximo a la ciudad de Valencia y está rodeado de un gran número de poblaciones de menor tamaño (Sueca, Cullera, Silla, Catarroja, Sollana, Alfafar, Massanassa,…) y pequeños núcleos urbanos que dependen de la ciudad de Valencia (El Saler, El Palmar, El Perellonet, Pinedo,…). En conjunto la población que rodea a este espacio supera el millón de habitantes.

Los arrozales representan el principal ambiente de este humedal Mediterráneo, con más de 13.000 hectáreas en producción. La marcada homogeneidad del paisaje del arroz y la intensificación de prácticas de cultivo hace que la superficie de lugares para el descanso y alimentación de las aves se vea reducido, en particular durante los meses en los que muchas especies (en este caso limícolas) realizan su desplazamiento migratorio hacia los lugares en los que pasar el invierno.

La idea

La idea del proyecto es muy sencilla. Favorecer el hábitat para las aves migratorias (entre los meses de julio y octubre de cada año) en los arrozales del Parque Natural de l’Albufera. La propuesta pasa por gestionar y manejar aquellos arrozales (pocos) en los que el cultivo del arroz ha fallado por diferentes razones, propiciando unas condiciones adecuadas para las aves migratorias.

El proyecto pretende localizar aquellas parcelas de arrozal que no hayan sido cultivadas o en las que el crecimiento del cultivo no haya tenido éxito. En determinados casos, un desarrollo descontrolado de determinadas plantas adventicias, la afección de determinadas plagas o enfermedades e incluso problemas climatológicos, pueden ocasionar una pérdida completa de la producción que da como resultado que esos campos queden abandonados y cubiertos de vegetación durante meses. En estos casos, se pretende favorecer un hábitat óptimo para las aves migratorias (en especial las aves limícolas) llevando a cabo una serie de trabajos agrícolas que permitan mantener la parcela de cultivo libre de vegetación y con agua. Para ello es necesario roturar los campos en los que haya fallado el cultivo con el empleo de tractores provistos de los medios para ello. La idea es mantener estas pequeñas parcelas limpias y libres de vegetación, permitiendo en la medida de lo posible un nivel de inundación reducido. El beneficio en este caso es doble ya que, con el control de la vegetación adventicia que se desarrolla en estos arrozales fallidos, se evita también la proliferación de plantas no deseadas en el cultivo, evitando su desarrollo y expansión a las parcelas de arroz vecinas y reduciendo su presencia en un futuro.

La creación de estos reducidos enclaves inundados y sin vegetación permite la llegada de una gran cantidad de aves, especialmente limícolas, fumareles y moritos, que encuentran en estas pequeñas parcelas unos lugares óptimos en los que descansar y alimentarse entre los meses de julio y octubre. Las cifras registradas de aves en ocasiones llega a ser importante, con censos por encima de las 500 aves en un solo campo. Teniendo en cuenta que estas aves se van renovando continuamente (cada día nuevos individuos llegan y otros siguen su camino) la cifra total de aves que se ven favorecidas con esta medida es mucho mayor. De este modo, varios miles de limicolas llegan a utilizar estos pequeños espacios a lo largo de los meses en los que estas parcelas están disponibles para las aves.

Esta misma práctica se puede llevar a cabo en parcelas agrícolas que permanezcan en barbecho, abandonadas o sin producción y que puedan ser inundadas durante periodos largos de tiempo, coincidiendo con el periodo de migración de las aves. Para ello, se pretende buscar la colaboración de determinados agricultores que permitan llevar a cabo estas operaciones sin que interfiera en su actividad agrícola rutinaria. El objetivo principal de esta propuesta es la de favorecer el hábitat para la alimentación y el descanso de las aves migratorias (fundamentalmente limícolas) justo en los meses en los que estas aves  realizan sus desplazamientos migratorios hacia los lugares de invernada localizados fundamentalmente en África.

Atención especial a la aguja colinegra, una especie amenazada en Europa

La aguja colinegra Limosa limosa (conocida localmente como tètol cuanegre) es una especie perteneciente al grupo de los Limícolas que muestra un marcado declive en Europa. Se trata de un ave migratoria que nidifica en zonas del centro y norte de Europa (Holanda, Bélgica, Alemania, Reino Unido, Islandia, Rusia,…) y que pasa el invierno mayoritariamente en las regiones ecuatoriales de África. En los diferentes desplazamientos migratorios utiliza los arrozales de l’Albufera, y de otras localidades similares, como áreas de alimentación y descanso, especialmente al final del invierno (febrero/marzo), cuando llegan a concentrarse más de 3.000 aves cada año.

Diferentes causas (la ganadería extensiva, las transformaciones de pastizales naturales, las molestias derivadas de la caza y otras actividades humanas) han puesto en peligro la supervivencia de esta especie en Europa, pasando a ser considerada como una especie en declive y “Casi Amenazada” según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza UICN, con buena parte de las poblaciones europeas en marcado descenso (en algunas zonas se ha perdido más de 70% de la población en los últimos 10 años).

Su delicado estado de conservación ha motivado que desde diferentes países europeos (Reino Unido, Holanda, Portugal,…) se hayan puesto en marcha proyectos y estudios dirigidos a garantizar la conservación de esta especie, no solo en los países donde la aguja colinegra nidifica sino también en los lugares claves para la conservación y supervivencia de la especie. Dado que se trata de una especie migratoria, los esfuerzos para poder conocer y garantizar la conservación de esta ave deben atravesar fronteras y desarrollarse en un marco de trabajo que incluya a todos aquellos países y lugares vitales para ella y l’Albufera forma parte de estas zonas.

Uno de estos proyectos, desarrollado desde Holanda y en colaboración con la Universidad de Groningen, centra su trabajo en el seguimiento de la aguja colinegra en Europa. El proyecto, conocido con el nombre de “King of the meadows”, ha llevado a cabo multitud de actividades desde 2013 y tiene en l’Albufera uno de los lugares que cada año visita siguiendo el recorrido que realizan las agujas colinegras en su viaje de retorno a Holanda.

La presencia de la aguja colinegra en l’Albufera es conocida desde hace siglos, Diferentes naturalistas del siglo XIX (Lord Lilford, J. Arévalo Baca, Howard Saunders, Ignacio Vidal,…)  ya describen la utilización que esta especie hace de los arrozales como lugares de alimentación, especialmente al finalizar el invierno, cuando miles de aves encuentran alimento en los arrozales que son fangueados y trabajados por los agricultores. Esta presencia (que algunos años ha superado las 4.000 aves de manera simultánea) no ha pasado desapercibida en el marco de los proyectos de conservación llevados a cabo y en la actualidad, los arrozales de l’Albufera son reconocidos como una de las principales localidades de parada y descanso para la especie en Europa y, por tanto, en un lugar indispensable en sus desplazamientos entre los lugares de cría y África.

Pero la presencia de la aguja colinegra en L’Albufera no se limita únicamente a la migración primaveral y otoñal, sino también a la invernada y durante el periodo estival, cuando un número de aves reducido (entre las 100 y 200 ejemplares) se presentan cada año en esta localidad. La presencia de la aguja colinegra en l’Albufera parece asociada con los arrozales y especialmente con el desarrollo de algunas prácticas agrícolas como el fangueo de los campos al finalizar el invierno. La roturación de los campos tras el invierno pone a disposición de estas aves una gran cantidad de alimento (invertebrados y semillas) que las aves han sabido aprovechar. De este modo se hace evidente cómo una actividad agrícola en un medio productivo como un arrozal puede favorecer a determinadas especies de aves. La simbiosis entre arroz y naturaleza es, en este caso, perfecta. Una relación de convivencia que permite garantizar unas condiciones óptimas para la supervivencia de una especie de ave amenazada en Europa.

Actividades propuestas

A través de la Fundació Assut y junto con la Sociedad Española de Ornitología SEO/BirdLife, se pretende llevar a cabo el proyecto “Arrossars de pas”, una propuesta encaminada a favorecer un hábitat óptimo para las aves migratorias y a divulgar el importante papel que cumplen los arrozales de l’Albufera para la conservación de las aves migratorias y en particular de la aguja colinegra, una especie de ave casi amenazada y en marcado declive en Europa.

Las actividades contempladas en el marco del proyecto se concretan en las siguientes iniciativas:

  • Localización de parcelas agrícolas en las que es posible llevar a cabo diferentes prácticas de manejo (fangueo, inundación…) y contacto con los titulares de los terrenos.
  • Trabajos de adecuación de las parcelas (laboreo y/o fangueo de las parcelas) y manejo de unos niveles de inundación óptimos para las aves migratorias.
  • Trabajos de campo dirigidos a la realización de censos y el seguimiento de la especie en l’Albufera, con el control y registro de aves marcadas, lo largo de todo el año.
  • Participación en los programas europeos, en especial los que impliquen el seguimiento de aves limícolas.
  • Actividades divulgativas y de comunicación, vinculadas con el proyecto, dirigidas al público en general pero con especial referencia a los más jóvenes.
Habilidades

Publicado el

26 julio, 2018